Cuando se suponía, por muchos sabiondos que se terminaba el siglo y causaría muchas consecuencias financieras, comerciales, de transporte, es decir el 31 de diciembre de 1999 a las 12 hrs. según sería un caos, cosa que afortunadamente no sucedió, lamentando tanto trabajo inútil y dinero dilapidado. En el mismo instante que sucedía todo este embrollo, una señal positiva para la familia de Don Ignacio Rodríguez y Guadalupe Méndez. A la misma hora del cambio de siglo, nació una niñita preciosa de grandes ojos azules y cabello dorado como el sol, acontecimiento que vino a incrementar la belleza de su jardín. Tienen un terreno de mil metros cuadrados, sembrado totalmente de rosas y lirios, divididos en parcelas de una y otra flor, con atractivos diseños geométricos. En el centro del enorme jardín está una fuente con una réplica de la figura de la fuente de “La niña de las palomas”, de Guadalajara, el resto del cuerpo de la fuente es de azulejos blancos y azules, hermosamente colocados en bella combinación, formando una pequeña glorieta están cuatro bancas de polvo de mármol aglomerado, realizadas por Don Nico el dueño de la marmolería.
El domingo de la Sagrada Familia, la niña fue bautizada por el Padre Julián Morales; le impusieron el nombre de “Analí de Los Lirios”, sus padrinos fueron Don Nico y Doña Gude, hubo una gran fiesta recibiendo muchos regalos. Hubo uno en particular era un guardapelo de oro con imagen de María Auxiliadora en el anverso, en el reverso esta su nombre “ANALI”, incrustado en minúsculos pedazos de mármol negro y rosa, sobre el fondo de oro, nadie supo quién se lo hizo llegar, pero era una verdadera joya, completando el conjunto con un diseño en el interior de la tapa un ángel de alas preciosas y ojos azules. Al paso de los años, cuando la niña empezó a ir a la escuela, en esas bancas junto a la fuente, era su espacio favorito para hacer sus labores escolares, siempre distinguiéndose por obtener excelentes calificaciones. Varias veces los señores Rodríguez, llegaron a observar que parecía que sostenía una plática con alguien, los movimientos de sus manos, las sonrisas que esbozada en ocasiones, como si aprobara una expresión o celebraba un chascarrillo, se notaba que era otra persona con quien platicaba, alegre y confiadamente. Sus padres alarmados le llegaron a preguntar qué era lo que hacía en esos momentos:
– Niña de mi corazón, ¿Qué te pasa? Parece que hablaras sola.
– Dinos si te podemos ayudar.
– ¡Oh! No papitos, no pasa nada, es que me visita Gabriel, un amigo, siempre me acompaña a la escuela, y me dijo que hoy sería un día especial. ¡Mírenlo ahí viene! (Los padres miran hacia donde Analí señalaba).
Entre los lirios, a paso lento, como si flotara se acercaba un joven muy guapo, con un morral colgado del hombro con unos ojos verdes tan claros que parecían blancos adornaba su rostro una sonrisa angelical. En su mano derecha tenía tres lirios, uno azul, uno blanco y el otro púrpura.
– ¿En dónde? No veo a nadie.
– Mi niña tu estas enferma.
– No mamacita. ¡Aquí esta! Ya nos vamos.
Solo hasta este momento los papás de Analí pudieron ver al joven; pero con grandes alas y una diadema dorada, tomando a la niña de la mano y empezando a elevarse como si subieran una escalera, hasta desaparecer entre las nubes. Después de desaparecer, los padres volvieron los ojos a la banca de mármol compactado, viendo el camafeo de la niña, pero sin la imagen del ángel y en su lugar los tres lirios el azul, el blanco y el púrpura, la mamá lo recoge y lo oprime contra su corazón.
Jorge Enrique Rodríguez.
20 de diciembre de 2011.