La narración de esta historia, fue dictada por el protagonista a quien firma al calce, no ha querido salir pagando una  fianza, quiere salir exonerado, asegura que es inocente, comprometiéndonos a coadyuvar en su defensa, también pensamos que es inocente.

En los primeros días del mes de febrero del año 2000, recién había pasado la “fiebre del cambio de siglo”, a todos los gerentes de área y jefes de departamento nos traían muy presionados en un curso para entender qué es lo que iba a pasar. Nos mirábamos unos a otros con duda e ignorancia, ni los directores sabían qué iba a pasar, once meses trabajando de lunes a domingo o hasta dieciséis horas diarias sin recibir pago alguno por horas extras, ni siquiera una palmadita en la espalda, al contrario una patada (virtual) en el trasero. Yo me esperé y renuncié después de haber logrado mi pensión, créame, me fue muy bien, la estrategia fue bien planeada.

Si ya me di cuenta que me estoy saliendo del tema. Desde muy chiquito, todavía de brazos, me trataron como si fuera una niñita. Me hicieron una fotografía, estando desnudo, no se ven las partes pudendas; con esto se comprobó que la fe de los humanos es muy grande, esta foto fue el motivo de una oración a Dios y la petición fue cumplida, por lo que la persona creyó que era la imagen de un Niño Dios, inmerecidamente. Esta referencia la hago porque a partir de entonces empezó mi problema y depresión.

Reparten mi foto desnudo, sin aclarar quién era en realidad, después dejan que me crezca el pelo hasta los hombros con caireles, mi cabello es castaño muy claro, ojos color almendra, piel blanca, me visten con ropa tejida color de rosa y me cuidan mis tres mujeres, no dejándome bajar al patio a jugar con los otros niños, para terminar, en el piso en donde vivíamos era de ocho departamentos, cuatro de ellos los habitaban homosexuales y hacían cada desfiguro, sobran los detalles.

Al llegar al kindergarten todo fue tranquilo, porque los niños a esa edad no eran tan maliciosos como los de ahora, ya que hoy cuando nosotros vamos, ellos ya vienen de regreso. 

En esas fechas, tenía diez años de edad y el suceso que marcó mi vida. Un día casi al término del recreo, abrieron la puerta del retrete de una patada, alcance a ver a cuatro compañeros de clase, uno me jala de los cabellos, otro me baja el pantalón hasta el suelo y en el momento que el otro desabrochó su cinturón, se escuchó una voz fuerte y ordenaba:

– ¡Qué están haciendo escuincles! En esos momentos, me sueltan, caí de bruces, se me rompieron dos dientes, el labio superior y un golpazo en la frente.

Al salir de la enfermería regresé al salón, faltarían unos cinco metros para entrar, se escuchó el grito de un niño dentro del salón:

– ¡Corran, corran, ahí viene la maestra!

Corredero de todos a sus pupitres y cerraron la puerta de cristal justo un metro antes de llegar, empujan los de adentro y corriendo afuera empujo yo y… un estrepitoso ¡CRASH! La puerta se hizo añicos; la maestra que llegaba gritó atrás de mí, se asusta y vuelve a gritar:

– ¡Jesús mío! Qué horror.

Los niños que cerraron la puerta, lloraban, uno de ellos defecó de pie, tenían los dos cortadas en la frente y al otro le escurría sangre de la piel del cuero cabelludo, ¿yo? Bien gracias, varias cortadas; no tocaron ninguna vena de los brazos. ¿Resultado de mis aventuras?

– Güerito, en una hora dos veces vas a la dirección, no te va a ir muy bien.

– Con permiso Sr. Director, aquí está el jovencito de la puerta.

– Mira niño como primer paso se te retira la beca a pesar de tus calificaciones y después…

– ¿A su hijo no lo va a castigar? El y Jacobo fueron los que cerraron la puerta. ¿Será porque es hijo del millonario Shumsky? Mire, su expresión me dice que di en el clavo.

– Cállate imbécil. ¡Estas expulsado!

– ¡Ah me insulta! Adiós señor. ¿Ya vio sus ventanas? Llenas de orejitas de testigos de sus insultos.

– ¡Eso es bullying!

– Claro que sí, es tan antiguo no sé de qué se asustan todos. Dígame… ¿Cómo consiguió Caín la primogenitura?

– ¿Haciéndole “bullying” a su hermano Abel?

– Tan claro como el agua.

Por todos esos detalles van acrecentando en mi alma de niño, repudio contra los mandos y sobre todo a los ricos.

– ¿Qué pasó con el director de la primaria de Coyoacán?

– Nunca supe a ciencia cierta lo que oí en mi familia, que lo regresaron a Chihuahua dirigiría una preparatoria militar.

– ¿Le guardas rencor?

– Pasaron ya tantos años, que no me acuerdo qué pasó.

Con ese afán de superación y la ausencia de oportunidades dejó los estudios para dedicarse a trabajar. Desempeñó muchas actividades, cargó canastas en los mercados públicos, mozo de limpieza en un salón de baile, en una tabaquería, en el almacén de una librería. Nunca dejó de leer libros sobre la materia que le interesaba, administración de empresas y contabilidad. Un día, su jefe, Don Roberto, le dijo:

– Mira Güero en esta compañía de seguros necesitan con urgencia un archivista, y como tú quieres progresar, ¿Te animas?

– ¡Claro que sí!

– Ve mañana, toma esta tarjeta y vez a ese señor.

– Don Roberto gracias… Reto al infinito… voy a llegar. ¡Voy a llegar!

El día siguiente no pude visitar a mi amigo, quiero recordar que mantendré su nombre en el anonimato, estaré al pendiente de la ausencia de mí amigo que se alargó hasta cuatro meses, como siempre fui el día de visita para saber si había alguna novedad, efectivamente, ahí estaba, después de la sorpresa y el abrazo de bienvenida, pudimos hablar:

– Escucha Jorge, me puedes llamar Gaby, así me llaman los “compas”.

– Menos mal, no es denigrante.

– Tengo algunos privilegios, luego te cuento.

– ¿Qué, ya hicieron algo?

– No, nada de lo que piensas. Es algo bueno.

– Me mandaron a la dirección del penal y me nombraron el asistente, como su secretario diría yo, ¿Cómo la vez amigo?

– Bien, bien, esto te va a ayudar mucho.

– ¡Claro que sí! Ya sabía, que me va a ayudar.   

A partir de ese momento me convertí en su mensajero. Puedo usar ropa de calle y ayudar a los indiciados los días de visitas, a los reclusos los ayuda otra persona.

– ¡Te sacaste la lotería! Te felicito.

– “A lo que te truje Chencha” En este sobre encontrarás instrucciones, no me falles y lo envías al correo que ahí te digo, sigue al pie de la letra todo, en tus manos está mi libertad.

– Dalo por hecho amigo mío.

– ¿Necesitas algo, te puedo traer artículos de aseo?

– No, estoy abastecido.

– Perfecto, estamos en contacto. De aquí en adelante… ¡Infinito… te reto!

De este momento al frente, el ahora convertido en abogado del recluso, llevando a efecto todo lo que se redactaba en el escrito, los correos electrónicos y las de auditorías efectuadas, en las cuales no reflejaban ningún desfalco, copias de los documentos alterados. Se anexaba un video en donde se aprecian desde que entraron a la oficina del Auditor Interno, quien está recluido. Entraron tres personas, Rafaela Torres secretaria del Auditor Anselmo, Sergio Vázquez, Jefe de Adquisiciones y José Macías, Jefe de Almacenes. Sacaron expedientes, la secretaria fue a operar la computadora, se cruzaban datos, se hacían comentarios, se alteraron cifras, cantidades de mercancía, total el faltante en bancos ascendía a $1’500,000.00, apareciendo autorizado por el C. P. Anselmo. Con este documento y las computadoras alteradas, se fraguó el pseudo fraude, que convertía en falsificación de estados financieros, robo y asociación delictiva.    

Se logró revisar y clasificar nuevamente el caso y el C. Juez revisó el asunto y analizó nuevas pruebas y tres días después se citaron a los tres implicados y al indiciado para efectuar un careo y dictar la sentencia definitiva, quedando ésta de la siguiente forma:

– Este juzgado ha vuelto a revisar la detención del C. Anselmo, habiendo analizado las pruebas presentadas por la defensa, se determina que al indiciado Anselmo se le otorga Libertad Incondicional, devolviéndole su capacidad de ejercer sus actividades profesionales mediante información pública en los medios publicitarios vigente.

– En cuanto a Rafaela Torres, Sergio Vázquez y José Macías. Por el delito de asociación delictiva, fraude calificado, alteración de documentos financieros y allanamiento de oficinas de “Imperial Animal Food”. Se les condena a cuarenta años de prisión sin derecho a fianza. CASO CERRADO.

Jorge Enrique Rodríguez.

13 de marzo de 2018.

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